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Cada jornada laboral deja historias que trascienden el tiempo, y la de Enrique Andino es una de ellas. Tras 28 años de servicio como guardia de seguridad, hoy cierra un capítulo importante de su vida al acogerse a su merecida jubilación, dejando atrás no solo un puesto de trabajo, sino también incontables recuerdos, amistades y experiencias que marcaron su trayectoria en el INPREMA.


Durante casi tres décadas, Enrique fue uno de los primeros rostros que docentes, colaboradores y visitantes encontraban al ingresar a la institución. Con una sonrisa, una palabra amable y un trato respetuoso, hizo de cada atención una oportunidad para servir con calidez y profesionalismo. Para él, el respeto hacia los maestros y hacia cada persona que cruzó las puertas del Instituto fue siempre un principio inquebrantable.


Al mirar hacia atrás, Enrique recuerda con especial cariño los momentos compartidos con sus compañeros de trabajo, quienes, asegura, dejaron una huella imborrable en su vida. También conserva con gratitud las experiencias vividas junto a los docentes afiliados, convencido de que cada conversación, cada saludo y cada gesto de servicio contribuyeron a construir una relación de confianza y cercanía que perdurará en su memoria.


Hoy, al despedirse de esta etapa, Enrique Andino se marcha con la satisfacción del deber cumplido y con la certeza de haber dejado su propia huella en el corazón de quienes lo conocieron.


Su historia es un recordatorio de que el verdadero legado no siempre se mide por los años de servicio, sino por la calidad humana, el respeto y la dedicación con los que se desempeña cada labor. En esta nueva etapa, el INPREMA le desea éxito, salud y muchas satisfacciones, agradeciéndole por 28 años de compromiso, entrega y vocación de servicio.

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